La Muerte del Escritor

Todo es espacio, pero entre la playa y el cielo se encuentra el mar, y hay un punto, lejos en el horizonte, uno sólo, donde estos lugares infinitos se unen, son todo, son espacio.

1

Hay un cuerpo desmayándose; la imagen me conmueve, víctima de la forma. Creí que era mi cuerpo. Es mi cuerpo, o no? (no sé). Somos todos iguales: vos y yo somos iguales. Tal vez simplemente te adivino o tal vez adivine casi todo (la vida). Vida envasada.
Pero sos vos el que sangra, o el que limpia mis heridas. Se me anula la posibilidad del desnudo, desnudo total, uno ansiado. Carente. Carenciado. Mal querido. O es la forma?
Las líneas ya trazadas se me desdibujan en la mano; mi error fue tocar lo prohibido, o no tocarlo fue el error (más grave-siento el deseo). De todos modos el riesgo rompe la forma. Por fin respiro.
Un Fénix, un poeta, el que muere y resucita; la mueca impávida, la práctica de un gesto fallido (¿dolor?).
Me lame el cuerpo, me purifica poco a poco y un azar de caminos encontrados me hunde en el miedo. ¿Cuál era la creencia?
Aborto tramos de vida, aborto posibilidades. Y era yo quien sangraba.

2

¿Qué es lo que piensan las personas, qué es lo que hay dentro de ese universo desconocido, insostenible? Dónde aparecen las diferencias. La soledad marca el comienzo de un conocimiento distinto, el placer de descubrirse. Brindarse a los otros. Por dónde pasa el valor, nuestro valor, el de la gente, el de mi escritura. “Pensar que pensar nos ha fallado” fue un poema. Nosotros fallamos. Yo aprendí. Nosotros aprendimos y nos buscamos, tratando de encontrar el sabor distinto (el valor). La búsqueda es continua, como el viento, se lleva las hojas a otros lugares donde van a morir o se transforman. La muerte del escritor es el lugar donde aparecen (yo), es el eje (doblar la hoja, pasar la página). La ficción se acerca a lo real (?) o no, pero puedo ser feliz desdiciéndome. La imagen: el truco perverso que nos atrae. La confluencia: el lugar de la imagen para la ficción, para el mundo. El pensamiento: creador de la imagen para la confluencia (vida). El sol quema y alimenta, nos llena de vida (la misma) y nos saca de ella (la explosión). Seguimos caminando, es importante. Los elementos en funcionamiento para la imagen (la confluencia). Un sentimiento: amor-pasión que también desdice y nos hace imagen. El recuerdo, a veces una traba y el aprendizaje. La cura, la música, el movimiento. Muchos interrogantes para el asombro, para seguir creyendo en nosotros. -Nada más? -Nada más. (La imagen del pájaro acercándose vertiginosamente).

3

Un leve ardor permitió tomar conciencia del estado en que estaba. El aire aumentaba su densidad y era difícil respirar. Era algo parecido al descanso. Un momento de quietud. La lámpara que desde el techo se balancea imperceptiblemente. El movimiento se hace lento. El ardor sube por mi garganta pero no llega a fuego, se ahoga en mi boca sin saliva. Girar, tan sólo girar, mirar para otro lado. La búsqueda del sentimiento también es lenta, también es mirar. La boca seca, la lengua incapaz de articular el movimiento de la palabra. El sentimiento tiene que ver con el recuerdo, pero no hay dolor.
Todo se mueve, todo gira alrededor nuestro aunque no. Todo se multiplica y nos sentimos pobres. Nada nos alimenta, no somos y por eso estamos acá. El movimiento de mi mano permite esta quietud (aparente, las manos reflejan el temblor: miedo). Si surge la pregunta de qué hacemos, para qué estamos, o quién me trajo, las resoluciones ponen en juego (sin saberlo) toda la capacidad (en verdad parte) imaginativa. Desde este oscuro espacio puedo inventar un valor. Ya no una creencia: llueve y el impulso es caminar, las hojas crujen en el agua, pétalos mojados. Tu pelo cobra color y me salpica y es sentirse vivo. Los pájaros se esconden, las madres se aferran a sus bebés porque su calor es incondicional. Y afuera muerte; el ojo que me miraba y me hablaba quedó mudo y pude sentir como alcanzaba a decir adiós. Pobre. El valor desapareció, no el dolor. Entonces el valor no desapareció. La lluvia continúa, aumenta la sensación de vacío. No existe la barrera, pero es fácil crearla. Si el movimiento es lento, puede haber paz (también: no!). El agua y la lentitud de estar dando vueltas esperando nacer. Como el espacio, esperando morir. Una diferencia: dentro de la panza (el líquido viscoso y denso) puede llegar a ser pleno; el espacio da la posibilidad del vacío absoluto. Para las dos cosas se necesita el valor. Encuentro la ficción (¿la realidad?) como el medio en el que estamos perdidos (el movimiento del mar hipnotiza, marea profunda, marea-da). Corriente abajo una flor anunciaba la muerte y pensé que sólo hablaba de amor (palabra maldita). Mirando ese sube y baja mar eran mis lágrimas las que hablaban, era la poesía que no expresaba (lentos avatares/muerte subversiva). Cuando te vi temblando creí que no podría abrazarte (yo también temblaba), pero como somos todos iguales yo también podía dar calor. La voz repetía: -¿entendés? ¿podés comprender, sentir que lo que yo te digo te hace temblar? -Ya estoy temblando. -Entonces mentís. -Sí, miento, pero te entiendo porque estás llorando y yo también lloro, y esta lluvia nos une como si nos quemáramos. Creo que a eso lo llaman fundir, con-fundir. Gracias.
Repetir las palabras hace perder el sentido (si lo tiene, o la ilusión es efectista). Acostado, mirando para arriba, con la lentitud del movimiento, no podía dejar de repetir esas palabras (fuego) y ya no comprendía. Preferí el poema, que atraía belleza: “…como los niños/ como la muerte/ sentados a esperar/ cielo protegido, henchido de vanidad/ el golpeteo…” ¿Un poema? Giraba sobre mi cuerpo tratando de alcanzar ese rostro que se negaba y resistía a los impulsos… el ardor. Hay un estado en que somos nosotros (nuestra mente) y que las cosas ocurren desde nosotros hacia afuera (la muerte). Lo otro no importa. El valor. Unidos por él mantenemos vigente la (des)unión, por lo menos respirar el aire, alimentarse de ideas. Gracias. Si lograba no temblar (pero por qué no) estaría más tranquilo, fingiría paz. Repetir cierta palabra hizo recobrar un sentido. Gracias.

4

Hoy soñé que la luna estaba cerca de mi mano, me rozaba…(REW). Hoy pensé cómo el mar capta mi sentimiento en su eterno murmullo…(REW.STOP).
La luna reflejaba en el mar su único motivo: el color. Caminar sin un sentido (afiebrado), iluminado por la luna (el reflejo del mar) y una imagen, una mano (los dedos largos no podían ser otros) buscando tocar. Un sentido: un dedo busca mi cara y pasea el cosquilleo lentamente (no me contengo: escalofrío). Ese dedo audaz penetra mi mirada y me absorbe. El murmullo del mar era una música (¿cuál?) recordada. Escuchada. Sentida. Ese dedo cómplice paseó por mi cuerpo (¿estaba desnudo?). Soñé con un mar y una luna (espera angustiante), un murmullo y un reflejo, y estaba desnudo. Desperté olvidado y quise dormir (unos ojos me miraban). La voz jugó su juego y se hizo palabra (los tonos adivinaban los sentidos, el mar). El insomnio se hizo imagen (no sentido). La noche sofocante me hizo transpirar y fue soledad. El cuerpo esperaba al cuerpo en la oscuridad (las almas estaban juntas). En la soledad. La búsqueda de la imagen. Desciframiento de un sentido (¿uno sólo?). El mar buscaba la oscuridad (era de noche). La luna y el reflejo. La mano. Los cuerpos. La música repetida hasta el cansancio, lejana, llorando su última función. Como esperando.

5

Pájaro volando

Mira el horizonte
esos ojos
una luz
llena
los colores
(el mar)
se escucha
un aleteo
(el pájaro vuela bajo:
me toca)
es el sentimiento
me hace llorar
busca el aire
cortar la imagen
ser libre
el viento
(el que renace)
lo acaricia.
Veo el vértigo en su cara
porque no cae
porque disfruta
porque desea.

6

Tenemos que comunicarnos. Tenemos que sentir en los cuerpos el contacto. Tenemos que resistir el aire que golpea (fuerza adversa). Podemos incluir en un mundo un sentimiento (de esos que hacen llorar). Hacemos de esa ficción (el pensamiento) cosas tangibles: tu cuerpo. Desaparecemos en los momentos de confluencia: es nuestra imagen que se funde (rompe las formas). Amor pasión que se funde en las formas. Cómo será agarrarte (una mano temblaba esperando el contacto). Unas voces que intentaban hablarse se llamaban a través del espacio. Poblado de tinieblas. Surcado de vacíos. Otras voces no entendían (comprender un equívoco, aceptar sus frustraciones, otra vida). De lo profundo del mar nacieron los colores (el pescador observó mudo los hechos, sonreía). Los colores son vos la confluencia: una imagen-valor que nace y se aísla, crea nuevas fuerzas (por qué me aíslo, no encuentro en mi valor el valor de los otros, el poema). Ver en tus ojos la chispa me hizo vivir. Sentir que el mundo no existe porque sos universo me hace crear. Ya no imagino. Siento.

7

Él sabía que la vería. Él tenía la certeza del cambio. Él podría reconocerla desde lejos. Los años. El sentimiento de la irreversibilidad en esa cara. Los gestos que acompañaban el encuentro. El error. Un encuentro que se prolonga en el tiempo y crea vacíos, lugares de espera. Un día sintió que esa imagen le pertenecía. Cómo no darse cuenta. Una voz que llama y advierte los peligros. Un camino que no tiene otra salida (vos y yo). Fue tanteando otros lugares, cuerpos que se mostraban y desleían la posibilidad. Pero estaba ahí. La pendiente era vertiginosa (el pájaro). La voz conocida (no hay otra) nombra. El miedo aparece ante la fatalidad. La cara. El encuentro. Casi ciegos se acercaban. Cómo sería el contacto. La cópula de dos cuerpos entumecidos, que se esperan. Los gritos a través del espacio que por fin se encuentran. Un olor conocido busca donde apoyarse. Es como empezar de nuevo.

8

Renacimiento.

Los recuerdos se van deshaciendo, son vanas imágenes de una falla: nosotros. Penetra una luz por la ventana (¿dónde?). No deja que mi figura sea totalmente visible (los poros por los que respiro). La sensación de vacío es intensa. Nada recorre mi cuerpo. Imagino las cosquillas (un vos). Veo mi feto, una relación paródica del espejo, de los espejos (tela-araña). El cigarrillo se consume (fuego, brasa transformada en cenizas: oxígeno). Respirar nos hace ceniza. La Nada. El vacío. Principio de la irrupción. Que explota. Se deshace. Se re-forma (un líquido viscoso recorre mi cuerpo). Te acuesto en la cama y sentís como tu cuerpo no pesa. Somos dos en la Nada. Ya somos Nada. Ya somos.

Nicolas Friedmann

Frío. Sueño. Camino. Orilla

Frío.

En un mundo dominado por verdades mutantes. Es un mundo de emociones dirigidas.

Caminamos por la calle como si fueran borrándonos las aristas, esas imperfecciones molestas que no sirven para ser feliz. Para ser.

Cada vez nos acercamos a esa perfección idiota. Económica, falta de humor porque viene de un lugar que no conocemos.

Para ser. Y todos, o casi todos, intentamos escapar, tener nuestro escondite donde soltar una frase inconexa, un sentimiento irascible, una acción hiriente, un espasmo real.

De esta cárcel que nos dicen que no se puede salir, pero la verdad es que no hay llaves en las puertas.

Salir.

Y respirar, aliviados.

Y olvidar un rato.

Entonces sí, volver.

Sueño.

Pienso en la oscuridad, o ese estado donde ya no sabemos, pero estamos lúcidos. Sólo sentimos las imágenes, las ideas que nos invaden y se aceleran hasta que decimos basta. Pero no paran, no somos capaces de detener un estado hipnótico, sórdido, solitario.

En el silencio de la noche pasan cosas. Imperceptibles, como un ruido lejano o una respiración del otro lado de la pared. También, dormir.

Camino.

Como si fuera tarde, con prisa. O tal vez para no ver lo que pasa a mi lado, no quedarme mirando algo, alguien, y que el mundo se pare. Entonces sigo, camino, los pasos una huella invisible en el asfalto. Y a veces miro lejos, buscando esa línea que me lleva pero no está. Se perdió.

Caminar como si no viera nada. Pero una silueta me hace cambiar de acera. O elegir el trayecto más largo porque me gusta más, me da tranquilidad.

Voy buscando hacer el mismo camino, cada día, sin lograrlo.

Orilla

Habitamos la orilla, un lugar donde los límites se difuminan, donde es difícil saber de qué lado estás. Y el peligro, pasar al otro lado.  Es como perderme. Te vas, y todo depende de cuándo aterrizamos. Pero me perturba el vacío.

La orilla es el límite que nos ponemos, o el que nos encontramos, es el lugar indefinido. Y los miedos. A veces las certezas.

31-12-2017

 

 

 

 

17 7 17

17 7 17

Suspendidos en la cima de la montaña de nuestros miedos, damos tumbos, encerrados en un cristal tan frágil que duele. Agarrados de las manos, el tacto nos da fuerza y nos protege.

Afuera quema.

Intentamos entender las cosas que pasan. ¿El Mundo? Pero hay días en que sólo sentimos el viento lacerante de imágenes, olores y sonidos.

Y gritamos: ¿Qué?

Y a veces me veo arrastrado por la corriente, sin poder agarrarme a algo que me lleve a la orilla, donde descansar.

 

 

 

La paradoja del NO

 

Vivimos en una sociedad donde el NO lo encontramos en todos lados, a veces escondido. A la mayoría, ese NO se nos representa como todo lo que NO podemos hacer, NO podemos conseguir, NO podemos comprar, y hasta NO podemos desear. Puertas cerradas.

La paradoja es que muchas veces nos cuesta decir NO, por reglas sociales, o por no ofender a alguien.

Y otras veces lo único que aprendemos es a decirnos NO a nosotros mismos, cerrando las puertas a sentir, a los otros, a ser felices. Cuántas personas viven atadas a pensamientos que son más fuertes que unas cadenas, sin darnos cuenta de que sólo hay que decir NO a eso negativo.

 

 

La paradoja del SÍ

 

Vivimos en una sociedad donde el SÍ lo encontramos en todos lados. Nos venden el SÍ como la panacea de lo que debemos hacer y desear y, finalmente, ser. El SÍ significa la aceptación, y cuanto más lo hacemos, más dependemos de algo que dejamos de controlar. Nos dicen que seamos positivos, que repitamos frente al espejo: SÍ.

SÍ lo lograremos. SÍ, lo haremos. Sí, aceptaremos lo que venga. Sí, cambiaremos. SÍ, podemos. SÍ, señor!

 

 

 

 

Unas manos que tocan

Unos ojos me miran

Una razón que parece,

Nunca es.

Un reloj que se para

Cansado de pasar el tiempo

Una canción que se escucha

Y te lleva, te lleva.

 

La Felicidad de Biel

 

Biel es feliz. No sabemos cómo es el futuro, pero la mayor parte del tiempo es feliz.

A su manera.

Para sentir su felicidad tenemos que hacer el esfuerzo de entenderlo, de aceptarlo, de saber que él tiene su camino, que cada tanto nos da una risa sincera, y que no parará nunca de preguntar cosas.

Biel necesita controlar su mundo y elige quién pertenece a su mundo.

Biel necesita jugar con el teléfono, el iPad y otro más, en un sentido multi estereofónico y visual.

Biel necesita sentirse querido aunque no sepa cómo decirlo.

Biel necesita aislarse para no explotar, descansar del dolor físico de los ruidos.

Y descansar también de muchas cosas que no entiende, porque él las piensa de otra manera.

Y necesita un abrazo, y unos besos.

Pero no necesita mentiras, y no acepta a quien no siente amable. Y sabe cuando alguien se burla de él. Y ya aprenderá cuándo reir en los chistes.

Y aprenderá idiomas, y a regularse en los momentos difíciles.

La felicidad de Biel será un mundo que muchas veces le cerrará puertas, pero seguro que sabrá abrir las adecuadas.

Y entonces la felicidad de Biel será la nuestra.

POEMA URGENTE PARA EL 2015

  POEMAURGENTE2015

 

Se me cayó la pena de tanto pasearla, se fue con su lágrima. Me dejó.

 

Buscaba las razones para sentirse feliz mientras miraba el aguacero que hacía interminable aquel momento.

 

Ahora, cada tanto, me gusta sentir el frío del suelo en mis pies.

 

Aprendemos a valorar cada abrazo como si fueran gotas de agua cayendo sobre nuestra lengua sedienta.

 

Sobreponernos al cansancio, al desánimo de las incertidumbres. No es un laberinto, sólo hay demasiadas puertas.

 

Me pregunto por el paso del tiempo sin encontrarle un sentido. A veces siento que siempre fui viejo. Otras, que nunca dejaré de ser niño.

 

No hay nada predeterminado, sólo decisiones que nos alejan, nos acercan.

Pero siempre estoy llegando.

 

Me despierto un sábado por la mañana: Papi, ya es de día! Tal vez la frase más profunda, por esencial. El acontecimiento. Como si fuera la primera vez.

 

Acostumbrados a las mentiras, las verdades son ilusas lejanías de mentes desviadas. Hasta que un día cae a plomo sobre nuestras cabezas.