Nueve

Somos débiles, simples seres que a través de los siglos llegamos, por casualidad o esfuerzo, a un ahora que nos pone a prueba. Queremos creer en lo que sea, y aferrarnos a palos invisibles que nos hagan caminar, correr, escaparnos de nuestra realidad. Y eso parece ser nuestra vida, una carrera en la cual no vemos el final, y debemos ponernos metas para no quedarnos fuera y ver pasar a los otros.

Ocho

Siento los susurros en las paredes

y gritos lejanos que el aire ahora puede traer

los fantasmas que recorren las calles se miran

con recelo (anuncian nuevas formas)

cuando sólo deseamos respirar.

(en el sueño yo corría incansable por la ciudad, hasta que el mar comenzaba a subir por mis piernas, y me relajaba).

Siete

Llueve el silencio de la ciudad transformada y vacía. Y amanecen los días llorando el dolor, o a tal vez una alegría.

No preparé un plan para este mundo, y sé que muchas otras veces me sentí encerrado.

Y cuántas mañanas quise correr por la playa, o caminar lento, mirar el horizonte buscando la sensación de libertad.

Pienso en un paseo en otoño por la ciudad, justo ese día que el viento trae el primer frío.

Y tengo dentro de mí, todavía, esas sensaciones que hace mucho me llenaban cuando estaba todo por hacer. Esa incertidumbre que nos obliga a movernos, a dar un paso. Ir más allá.

Dos

Vamos desnudos

hacia ningún lado

se huele el encierro

(lacera almas inocentes)

y aprendemos que el dolor de hoy

es la réplica de otras épocas.

Siempre estuvimos desnudos.