Frío. Sueño. Camino. Orilla

Frío.

En un mundo dominado por verdades mutantes. Es un mundo de emociones dirigidas.

Caminamos por la calle como si fueran borrándonos las aristas, esas imperfecciones molestas que no sirven para ser feliz. Para ser.

Cada vez nos acercamos a esa perfección idiota. Económica, falta de humor porque viene de un lugar que no conocemos.

Para ser. Y todos, o casi todos, intentamos escapar, tener nuestro escondite donde soltar una frase inconexa, un sentimiento irascible, una acción hiriente, un espasmo real.

De esta cárcel que nos dicen que no se puede salir, pero la verdad es que no hay llaves en las puertas.

Salir.

Y respirar, aliviados.

Y olvidar un rato.

Entonces sí, volver.

Sueño.

Pienso en la oscuridad, o ese estado donde ya no sabemos, pero estamos lúcidos. Sólo sentimos las imágenes, las ideas que nos invaden y se aceleran hasta que decimos basta. Pero no paran, no somos capaces de detener un estado hipnótico, sórdido, solitario.

En el silencio de la noche pasan cosas. Imperceptibles, como un ruido lejano o una respiración del otro lado de la pared. También, dormir.

Camino.

Como si fuera tarde, con prisa. O tal vez para no ver lo que pasa a mi lado, no quedarme mirando algo, alguien, y que el mundo se pare. Entonces sigo, camino, los pasos una huella invisible en el asfalto. Y a veces miro lejos, buscando esa línea que me lleva pero no está. Se perdió.

Caminar como si no viera nada. Pero una silueta me hace cambiar de acera. O elegir el trayecto más largo porque me gusta más, me da tranquilidad.

Voy buscando hacer el mismo camino, cada día, sin lograrlo.

Orilla

Habitamos la orilla, un lugar donde los límites se difuminan, donde es difícil saber de qué lado estás. Y el peligro, pasar al otro lado.  Es como perderme. Te vas, y todo depende de cuándo aterrizamos. Pero me perturba el vacío.

La orilla es el límite que nos ponemos, o el que nos encontramos, es el lugar indefinido. Y los miedos. A veces las certezas.

31-12-2017

 

 

 

 

44

El tiempo inexorable
Quisiera asomarme a la rendija
de aquel niño que fui
de mirada limpia y asombrada
tener la fuerza infinita de querer que las horas
pasen deprisa
y descubrir en cada nimiedad
el Mundo.
La inmensidad

Estaba mirando el mar

cómo te mece el

movimiento de las olas

pero es el Sol y es la Luna.

Pasaba ante mí

la montaña, inabarcable

vigilante ante el paso

de esa hormiga que soy yo.

Recuerdo aquel llano que nunca acababa

y el calor que salía de la tierra.

A veces miro para adentro,

sin asideros. La tentación

de caer es grande

pero entonces abro los ojos.

Me encuentro.

La persona y el espejo

 

Vamos seguros porque

todo funciona

(tan sólo pequeñas averías)

pero de tanto en tanto

chocamos con el espejo

eso que llaman realidad

y nos sentimos desnudos

avergonzados

doloridos.

La soledad

La soledad es caminar

entre cientos de personas

y no sentirse acompañado,

o encerrarnos en nuestro mundo

sin saber cómo salir.

Estamos solos cuando

lo sentimos así

pero pienso en aquellos que

nunca pueden salir

hacia fuera

y me siento triste.

No los comprendemos.

Los sentidos

 

Confié a la memoria

mis recuerdos más

profundos

aquellos que trascienden

y atraviesan una vida.

Después de años, o de horas,

siempre (sólo) queda

una música que no recuerdo

su nombre, ese olor que te

transporta a la niñez,

una imagen que te hace

sentir bien, el sabor

que hace mucho no probaba.

Son los retazos de mí

que me visitan.

Lo inasible.

Lo importante

Todo lo importante en

la vida (dicen)

es etéreo. Una religión

que nos da cobijo.

Los más creídos viven

la tranquilidad del más allá

y otros acumulan cosas palpables

para hacer eterno

este momento.

Así somos.

La cultura, la política, la religión, la ciencia

crean dogmas para vender

sus souvenirs y aceptar lo que ellos

nunca.

(pero todos somos carne, huesos,

y la sangre sigue siendo roja).

El valor

Intentar poner las cosas

en su sitio.

Colocarnos.

Dar sentido a lo que hacemos.

Lo que somos.

Estar en movimiento

con los pies en el suelo

para poder volar.

El amor I

 

Cómo sentir algo tan

fuerte

tan irracionalmente

conciente

y que se te sale el corazón.

Cómo perseguir lo eterno formado por instantes

caprichosos, inesperados.

Anárquicos.

El amor II

 

Correr rabioso a su encuentro.

Buscar una mirada que te deshace.

Sentir la aventura.

Escribir el futuro.

Saber que si llega el momento

saltarías por el acantilado.

Adorar esos momentos de

risa.

Creer en algo.

La magia de crear.

Noches en vela.

Compartir el dolor.

Adivinar los humores.

39. Textos

1-

De repente, anticipando un futuro incierto, las luces se apagaron y sólo se pudo escuchar una respiración fuerte y arrítmica. Nadie supo qué pasaba. Tampoco por qué un momento antes estaban solos y ahora parecía que el espacio estuviera repleto de presencias y silencios.
Nadie habló. Es el miedo que atenaza.
El único hecho que podía cambiar algo sería encender la luz. Pero él, ni nadie, se animó. Podía sentir el calor de otros cuerpos cerca, muy cerca. Y esa respiración. Nada tenía sentido. La sensación de realidad extrema le hizo pensar en un sueño, pero decidió que no. Comenzó a detectar pequeños sonidos que venían de diferentes direcciones. El espacio se expandía. Al fin pudo estirar un brazo, que atravesó el aire emitiendo un sordo zumbido.
–    No te muevas.- escuchó- Antes de que termine de decir estas palabras una luz cegará tus ojos, y olvidarás este momento, esta reclusión perpetua en la que estamos sumidos, y en tu sueño despertarás e irás a trabajar y besarás a tun mujer y a tus hijos. Sólo, alguna vez, tendrás el reflejo de mi voz, y eso tal vez te enamore. Y esa conciencia te perseguirá en el sueño en forma de melancolía. Suerte que puedes soñar, alejarte de esta nada insignificante. Ojalá pudiera verte, olerte, acercarte.
Luz.

2-

Voy a encontrarle un sentido a la vida. Buscaré en las grietas de las piedras, en las nubes cuando pasan rápido, en la vista perdida en el horizonte de Lisboa.
Palparé tu piel y sentiré el calor de tu cuerpo en la cama. Gritaré de impotencia ante lo que me enoja intentando echar la ira cuando crece en mí.
Tal vez acierte con una frase y diga: ¡Ya está!
Afrontaré el miedo a los cambios y al vacío. Esperaré la nueva vida con el anhelo de estar a la altura. Cuando me mire al espejo sonreiré pensando que las marcas de mi cuerpo son el mejor reloj, el más veraz, por inexacto, por su real dimensión.
Bajaré a los pozos de la tristeza y de la memoria para sacar agua cristalina. Y beberé. Y leeré el significado de la mancha de vino en el mantel, mareado, ebrio, inconforme.
Pensaré en los tres.
Me subiré a la fachada de mí mismo para destruirme y reconstruirme, cada día, cada hora.

3-

Siento que algo crece

en mí (pero está dentro tuyo)

intuyo que todo cambia

(pero es tu cuerpo)
son estos momentos

y la inminencia de lo nuevo

que asusta

todo es desconocido

pero es vida.

Estamos vivos.

4-

Buscar la lluvia

en el horizonte

(pero esa bruma)

y la risa contagiosa

que pasa de cara en cara

pero no fui yo.

En el espejo vi mi cuerpo

festejando el tiempo

quise decirle algo.

Se fue,

pero vinieron las nubes.

5-

Dibujar un rostro

encontrar un sentido a las cosas

¿una creencia?

Anhelo contar una historia

no quedan moralejas

entonces la roca

vuelve a ser roca

y las palabras moldes

de relleno.

Y empequeñezco.

6-

La danza

en los cuerpos

desgranando imagen.
Se ve ahí:

Un dedo tocando el viento

unos labios rozando una palabra

una panza vibrando música

una piel respirando.

7-

Será la oscuridad

de las seis de la tarde

el aire fresco que acaricia

mi cara

o el laberinto de cada

día transformado en rutina

o, tal vez, sinceramente,

no poder estirar el tiempo

perdiendo poesía.

Busco el disfraz

la cara seria de un señor

en el espejo

y veo al mismo niño

los ojos bien abiertos

que no entiende,

no sabe nada.

8-

Reflexiones 2007

Andamos buscando desesperadamente eso que nos alivie, la droga llamada satisfacción.

Pensamos que los momentos felices son aquellos que ganamos algo.

Participamos de las cosas con pasión o dejadez sin saber exactamente para qué.

Comemos vorazmente las palabras, sin entenderlas.

Habitamos los espacios sin conocer los límites, ni las ventanas por donde entra la luz.

Damos importancia a hechos superficiales y veracidad a las mentiras.

Miramos hacia todos lados intentando ver eso que queríamos.

Tentamos a la suerte en cada esquina, en cada página que pasamos.

9-

Y si estás buscando la quietud de un día de cielo plomizo y caluroso, sentado en la puerta de una casa en un pueblo castellano.
Y si esa brizna de aire sólo atisba a mover la gota de sudor resbalando por tu frente pero no te das cuenta: tu mirada se pierde en el horizonte llano, tal vez algún manzano equivocado.
Pero todo parece que se mueve, hasta tu reloj de cuerda parado marca unas horas eternamente finitas.
Olvidadas.
Podrías ir al río y poner los pies en el agua a la sombra de aquel árbol que te vio crecer. Y sin darte cuenta tirar piedras a ese río que te mira (pero sos vos), y quedarte dormido hasta oscurecer.
Más tarde, al arrullo de los grillos, todo parece cambiar.
Una voz te levanta.

10-

“¡He comprado el mundo!” , decía como enloquecido el hombre parado en la plaza. “¡He comprado el mundo!”, repetía conmocionado. Su cara llena de alegría, una rabia descontrolada en los brazos. Una mujer se le acerca asombrada y
le pregunta: ¿Cómo ha hecho para comprar el mundo? Lo compré, así sin más. ¿Así sin más? Le habrá costado mucho. Oh, no, no ha sido nada. ¿Y entonces? Nada, me dije voy a comprar el mundo, y lo compré.

¿Y ahora? Ahora, a disfrutarlo.

11-

–    Los caminos son para perderse.- dijo el maestro.
–    ¿Entonces nunca se llega a ningún lado, no hay posibilidad de ver el final?- pregunto el alumno, angustiado.
–    Ese es el error, porque el único final es la muerte. Pero es un final ficticio: nada acaba, si yo me voy, alguien ocupará mi lugar, y todo continuará como si nada importante hubiera pasado. Cada vez que encuentres algo en tu camino piensa que es tan sólo una bifuración, otro aprendizaje. Si es una puerta, no es una llegada, sino un nuevo punto de partida.
–    Pero maestro, si no hay destino, cuál es el fin?
–    ¿Y quién te dijo que existe una finalidad? Podrías encontrar una fortuna hoy mismo, saliendo de aquí, y sentirte vacío.
–    Maestro, el desaliento se apodera de mí. Ya no sé si debo luchar, encontrar una razón.
–    Hay cosas que no se buscan, sino que forman parte de lo que somos. Pero también poseemos cierta capacidad de cambiar nuestro rumbo.
–    No entiendo, entonces, por qué me enseña.
–    No te equivoques, yo no te enseño, sólo dejo que me llames “maestro” y dialogo contigo. ¿Quién te dice quién de los dos aprende más?
–    No lo comprendo.
–    No hay que comprender nada, sólo camina, déjate llevar. Actúa.
El maestro se levantó y comenzó a caminar. Este viaje había terminado. Buscaría otra persona donde reflejar y ser reflejado.