Diecisiete

Arrancar la hoja del cuaderno

Salir corriendo sin sentido

Soplar las velas

Poner un punto final, o seguido

Dormir hasta que duela el cuerpo

Llegar (último) en la carrera

Encontrarnos por fin después de tanto tiempo

Hacer el gesto de hasta luego cuando es adiós

Cerrar esa carpeta con violencia

Echar a la persona molesta

Pasar el dedo por el plato

Esa última lágrima

Apagar la luz

Dieciseis

¿Hay alguien afuera

quién me escucha cuando lloro

o lamento los errores

y también paso rápido si es algo bueno

como si no fuera para mí

pero pasamos la vida buscando la aprobación

sentir que somos parte de algo

de alguien

quien nos abraza cuando es necesario

ese regazo donde descansar para poder

seguir?

Quince

Cuando las certezas flaquean y sentimos que ya no hay sentidos de donde sostenernos.

Cuando no sabemos a quien culpar para sentirnos del lado bueno.

Cuando los días parecen eternos (pero estamos a final del año).

Cuando el futuro es más que nunca una niebla indescifrada.

Cuando esperamos las noticias que nos calmen la ansiedad.

Cuando hablamos los mismos temas hasta el aburrimiento.

Cuando intentamos aisalarnos del ruido continuo.

Cuando pensamos más que nunca en lo que deseamos.

Cuando nos abrazamos.

Cuando reimos.

Cuando pensamos en los que están lejos.

Cuando amamos.

Trece

No son tiempos de certezas, ni tenemos a qué aferrarnos cuando hasta el aire es sospechoso.

Y creemos que los males son para todos, y es una media verdad porque siempre pagan (mueren) los mismos.

No hace falta una confabulación de villanos.

La magia es que seguimos vivos.

Nueve

Somos débiles, simples seres que a través de los siglos llegamos, por casualidad o esfuerzo, a un ahora que nos pone a prueba. Queremos creer en lo que sea, y aferrarnos a palos invisibles que nos hagan caminar, correr, escaparnos de nuestra realidad. Y eso parece ser nuestra vida, una carrera en la cual no vemos el final, y debemos ponernos metas para no quedarnos fuera y ver pasar a los otros.

Ocho

Siento los susurros en las paredes

y gritos lejanos que el aire ahora puede traer

los fantasmas que recorren las calles se miran

con recelo (anuncian nuevas formas)

cuando sólo deseamos respirar.

(en el sueño yo corría incansable por la ciudad, hasta que el mar comenzaba a subir por mis piernas, y me relajaba).

Siete

Llueve el silencio de la ciudad transformada y vacía. Y amanecen los días llorando el dolor, o a tal vez una alegría.

No preparé un plan para este mundo, y sé que muchas otras veces me sentí encerrado.

Y cuántas mañanas quise correr por la playa, o caminar lento, mirar el horizonte buscando la sensación de libertad.

Pienso en un paseo en otoño por la ciudad, justo ese día que el viento trae el primer frío.

Y tengo dentro de mí, todavía, esas sensaciones que hace mucho me llenaban cuando estaba todo por hacer. Esa incertidumbre que nos obliga a movernos, a dar un paso. Ir más allá.