Dos

Vamos desnudos

hacia ningún lado

se huele el encierro

(lacera almas inocentes)

y aprendemos que el dolor de hoy

es la réplica de otras épocas.

Siempre estuvimos desnudos.

Frío. Sueño. Camino. Orilla

Frío.

En un mundo dominado por verdades mutantes. Es un mundo de emociones dirigidas.

Caminamos por la calle como si fueran borrándonos las aristas, esas imperfecciones molestas que no sirven para ser feliz. Para ser.

Cada vez nos acercamos a esa perfección idiota. Económica, falta de humor porque viene de un lugar que no conocemos.

Para ser. Y todos, o casi todos, intentamos escapar, tener nuestro escondite donde soltar una frase inconexa, un sentimiento irascible, una acción hiriente, un espasmo real.

De esta cárcel que nos dicen que no se puede salir, pero la verdad es que no hay llaves en las puertas.

Salir.

Y respirar, aliviados.

Y olvidar un rato.

Entonces sí, volver.

Sueño.

Pienso en la oscuridad, o ese estado donde ya no sabemos, pero estamos lúcidos. Sólo sentimos las imágenes, las ideas que nos invaden y se aceleran hasta que decimos basta. Pero no paran, no somos capaces de detener un estado hipnótico, sórdido, solitario.

En el silencio de la noche pasan cosas. Imperceptibles, como un ruido lejano o una respiración del otro lado de la pared. También, dormir.

Camino.

Como si fuera tarde, con prisa. O tal vez para no ver lo que pasa a mi lado, no quedarme mirando algo, alguien, y que el mundo se pare. Entonces sigo, camino, los pasos una huella invisible en el asfalto. Y a veces miro lejos, buscando esa línea que me lleva pero no está. Se perdió.

Caminar como si no viera nada. Pero una silueta me hace cambiar de acera. O elegir el trayecto más largo porque me gusta más, me da tranquilidad.

Voy buscando hacer el mismo camino, cada día, sin lograrlo.

Orilla

Habitamos la orilla, un lugar donde los límites se difuminan, donde es difícil saber de qué lado estás. Y el peligro, pasar al otro lado.  Es como perderme. Te vas, y todo depende de cuándo aterrizamos. Pero me perturba el vacío.

La orilla es el límite que nos ponemos, o el que nos encontramos, es el lugar indefinido. Y los miedos. A veces las certezas.

31-12-2017

 

 

 

 

44

El tiempo inexorable
Quisiera asomarme a la rendija
de aquel niño que fui
de mirada limpia y asombrada
tener la fuerza infinita de querer que las horas
pasen deprisa
y descubrir en cada nimiedad
el Mundo.
La inmensidad

Estaba mirando el mar

cómo te mece el

movimiento de las olas

pero es el Sol y es la Luna.

Pasaba ante mí

la montaña, inabarcable

vigilante ante el paso

de esa hormiga que soy yo.

Recuerdo aquel llano que nunca acababa

y el calor que salía de la tierra.

A veces miro para adentro,

sin asideros. La tentación

de caer es grande

pero entonces abro los ojos.

Me encuentro.

La persona y el espejo

 

Vamos seguros porque

todo funciona

(tan sólo pequeñas averías)

pero de tanto en tanto

chocamos con el espejo

eso que llaman realidad

y nos sentimos desnudos

avergonzados

doloridos.

La soledad

La soledad es caminar

entre cientos de personas

y no sentirse acompañado,

o encerrarnos en nuestro mundo

sin saber cómo salir.

Estamos solos cuando

lo sentimos así

pero pienso en aquellos que

nunca pueden salir

hacia fuera

y me siento triste.

No los comprendemos.

Los sentidos

 

Confié a la memoria

mis recuerdos más

profundos

aquellos que trascienden

y atraviesan una vida.

Después de años, o de horas,

siempre (sólo) queda

una música que no recuerdo

su nombre, ese olor que te

transporta a la niñez,

una imagen que te hace

sentir bien, el sabor

que hace mucho no probaba.

Son los retazos de mí

que me visitan.

Lo inasible.

Lo importante

Todo lo importante en

la vida (dicen)

es etéreo. Una religión

que nos da cobijo.

Los más creídos viven

la tranquilidad del más allá

y otros acumulan cosas palpables

para hacer eterno

este momento.

Así somos.

La cultura, la política, la religión, la ciencia

crean dogmas para vender

sus souvenirs y aceptar lo que ellos

nunca.

(pero todos somos carne, huesos,

y la sangre sigue siendo roja).

El valor

Intentar poner las cosas

en su sitio.

Colocarnos.

Dar sentido a lo que hacemos.

Lo que somos.

Estar en movimiento

con los pies en el suelo

para poder volar.

El amor I

 

Cómo sentir algo tan

fuerte

tan irracionalmente

conciente

y que se te sale el corazón.

Cómo perseguir lo eterno formado por instantes

caprichosos, inesperados.

Anárquicos.

El amor II

 

Correr rabioso a su encuentro.

Buscar una mirada que te deshace.

Sentir la aventura.

Escribir el futuro.

Saber que si llega el momento

saltarías por el acantilado.

Adorar esos momentos de

risa.

Creer en algo.

La magia de crear.

Noches en vela.

Compartir el dolor.

Adivinar los humores.