LAS FORMAS DE LA FELICIDAD. El yo cambiante.

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1

Todos los días me levanto a las seis y media de la mañana, hago pis, me cepillo los dientes y me meto en la ducha. Entonces es cuando me siento despierto.

Me gusta caminar por casa mientras todos duermen, no porque me crea dueño del espacio, sino es la sensación raramente libre de esos minutos en que comienza a clarear el día. Y me preparo un café y miro las noticias en el teléfono, de pasada, apurando esos minutos hasta despertar a Biel. Y entonces todo cambia, se revoluciona el tiempo y el espacio. Y al rato despierto a Yolanda, y la mañana ya está completa para arrancar. Y hay unos minutos, o segundos, cuando mi mente empieza a hilar pensamientos- es un momento, casi un suspiro, en el que divago, es una deriva que une las mayores tonterías con las ideas geniales y grandes poemas que olvido a los pocos segundos, como hilos de palabras que nunca volverán.

Asi comienza un día.

2

A veces siento que habito una vaguedad, como si tuviera una nube en la cabeza, y me pierdo. Entonces soy débil.

Otras, soy como un ser que se mueve a ras del suelo, dentro de una realidad que me preocupa.

Y la mayoría de las veces, estoy en medio, haciendo equilibrios, siendo esa persona que ven desde fuera.

No es verdad que esconda un yo, más bien tiendo a la transparencia, a la ironía y el sarcasmo, aunque me río de los chistes bastos.

Hay que aprender a descansar.

3

Descubrir que el pasado es la historia y lo que somos, y el futuro un espacio a conquistar, nunca predeterminado.

Pensar que todo puede ser diferente, que la realidad de algunos es un cuento fantástico, y que también se puede poner un punto. Y mirar más allá.

Vamos de la mano y el cielo se torna naranja. Es el aire del verano que parece que todo lo detiene, como si fuera el infinito.

4

Un día me digo: ya no sé de qué escribir. Una forma de no tener ganas, hambre de palabras. Pero al final es como comer, o como todo en la vida: la cabeza descansa, el cuerpo se ejercita, y vuelve la necesidad. Creo que somos seres pulsionales, que funcionamos a base de pequeñas (o grandes) descargas eléctricas, que se transforman en esos impulsos que nos llevan a movernos: odio, amor, deseo, necesidad, obligación.

¿Pero qué es la felicidad, conseguir el objetivo, o los propios impulsos?

5

La Felicidad del otro

¿Cómo vemos al otro? ¿Somos capaces de aceptar la felicidad del otro?

Posiblemente sí, desde nuestra subjetividad, especialmente en las relaciones más cercanas. Pero estamos enseñados a ver al otro como contrincante. Y nos preguntamos: ¿Por qué él/ella es feliz y yo no (o no tanto)? Luego buscamos excusas para soportar lo evidente, nuestra envidia:

– Ya lo decía yo.

– Si no le hubiera dicho eso aquel día, no lo hubiese conseguido.

– Fue gracias al empujoncito que le di cuando…

– Siempre tiene suerte.

Tal vez, sería más fácil aceptarlo y decir: “Qué cabrón/a, ahora mismo te odio, odio tu felicidad y todo ese positivismo que irradias”. Pero no lo hacemos.

(sé, me contaron que existen personas que se alegran de lo bueno que le pasa a otros, sin resquemores ni miradas esquivas)

6

Ahora mismo, mi felicidad es estar sentado en un bar viendo pasar a la gente y todo el movimiento de la calle. La sensación es de paz. Una felicidad banal si miramos más allá, aunque la vida también está llena de estos momentos. Crear nuestra burbuja, nuestros oasis para seguir. Estar cerca de las personas que queremos, física y virtualmente.

Una madre abraza a su hijo.

Una pareja de turistas mira, perdida, una dirección.

Otros, pasan casi corriendo.

Un señor lleva en una cesta a su gato.

Un padre empuja un cochecito con su hijo, ya grande para estar ahí.

Dos mujeres pasan mirando su teléfono.

Algunos con cara de calor.

Algunos frunciendo el ceño.

Algunos rascándose la cabeza.

Hasta ahora no vi ninguna sonrisa

(se las guardan para ellos, pienso).

7

El principio de incertidumbre, o la felicidad del tiempo

A medida que pasan los años, cambiamos el ímpetu por el saber hacer, la inteligencia por la intuición. También, a veces, me pasa algo raro, porque la certidumbre del paso del tiempo, muchas veces, me trae la incertidumbre de saber que ya no somos aquellos jóvenes a los que nos faltaban horas en los días para disfrutarla (ni lo pensábamos). Y en cambio esa incertidumbre de tener toda la vida por delante nos daba la certeza de que corríamos hacia algún sitio, una meta.

No soy pesimista, pero de tanto en tanto miro atrás y me veo con esa ingenua candidez que, eso sí, ya no volverá.

Exégesis

Producir literatura. Hacer de un texto lo que llamamos poesía o cuento. Jugar con las palabras y dejarse llevar a través de ellas. Identificarse o rechazar. De este lado de la hoja, la necesidad de expresar, de decir,  de sentir, de ubicarse en el espacio, de producirnos y comunicarnos. De vivir. A través de y por la ficción. Relacionándonos con nuestros/ vuestros discursos. Si la vida fuera otra cosa no escribiríamos. No tendría sentido escribir (si lo tiene). Ahora, si esta ficción cobra vida en quien la lee, como parte de ellos, si forma parte de alguien después de leído, estará cumpliendo su (sin(razón  de ser. Formar parte de. Crear nuevas textualidades. Provocar sensaciones.

Natalia Marcet/ Nicolas Friedmann